Sala 9; De la revolución feminista al tiempo presente


«Nos encontramos prácticamente frente a una revolución mundial con grandes repercusiones sociopolíticas y económicas; una revolución sui géneris, a la manera femenina, sin sangre ni violencia, audaz a la par que discreta, suave y sutil, pero al propio tiempo firme y decidida, y lo que es más importante, sin vencedores ni vencidos, pero que ha venido sacudiendo y revolucionando, lenta pero firmemente, la recia estructura de la organización social que situaba a la mujer en condiciones de marcada y humillante inferioridad.»


María Lavalle Urbina, Discurso de la primera mujer que preside el Senado de la República, 15 de diciembre de 1965

La mayor revolución del siglo xx fue la liberación de las mujeres. Fue una revolución pacífica y silenciosa, y aún no concluye. Su fundamentación ha sido el feminismo, doctrina social que busca que las mujeres tengan los mismos derechos que tiene el género masculino y que merece todo ser humano. El movimiento feminista lucha por la equidad entre mujeres y hombres.

Fue el detonador de los movimientos de derechos humanos para acabar con todo tipo de discriminación: de género, origen étnico, edad, discapacidad, preferencia sexual, religión o ideología. Busca pasar de la tolerancia al respeto al diferente, al derecho a la otredad.

Las ideas feministas y los avances científicos para el control natal, permitieron la liberación femenina desde la década de los sesenta a la fecha. Siendo la situación de las mujeres determinante para el desarrollo integral de los pueblos, los países que han invertido en la educación de su población han tenido un mayor crecimiento. Lo cual podemos constatar en la información que se presenta en esta sala, donde además de los contextos históricos internacional y nacionales, se destaca la participación política y económica de las mujeres mexicanas y su situación en salud y educación desde los años cincuenta hasta el 2010.

La década de los cincuenta

En 1945 se creó la Organización de Naciones Unidas con el objetivo de mantener la recién adquirida paz. Se acuñó el término “derechos humanos” para incluir a la mujer, a diferencia de la primera Declaración de París de 1789, en la que se proclamaron sólo los derechos del hombre. Las mujeres influyeron en esta decisión, encabezadas por la señora Eleonor Roosevelt, esposa del presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt.

Hansa Mehta, delegada ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas por la India, fue la otra mujer que formó parte de la Comisión. Se le atribuye el mérito de cambiar la frase de “Todos los hombres nacen libres e iguales” a “Todos los seres humanos nacen libres e iguales” en el artículo 1º de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En 1949 se publicó una de las obras fundamentales del feminismo: El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, donde la filósofa señala que no es el sexo biológico lo que condiciona a la mujer, sino la construcción histórico-cultural que ha justificado y determinado su opresión.

La mujer había ocupado los puestos de trabajo que los hombres dejaron para ir a la guerra. Al concluir ésta se les quiso regresar a la casa, pero ellas se opusieron. El acelerado crecimiento económico que se dio en la posguerra permitió que muchas mujeres siguieran trabajando en las fábricas. La televisión se extendió por todo el mundo, difundiendo desde Estados Unidos la concepción de mujer hogareña, propia del “American way of life”.

Los derechos reproductivos de las mujeres tuvieron un importante avance a escala mundial gracias a la aportación del químico mexicano Luis Ernesto Miramontes, inventor de la píldora anticonceptiva, en octubre de 1951.

Las mujeres obtuvieron la ciudadanía plena con el sufragio federal en 1953 (para mayor información, consultar la Sala 7: La ciudadanía de las mujeres) y entraron en gran escala a las fábricas como obreras.

Durante esta década más mujeres accedieron a la educación superior; sin embargo, sólo 22% de los egresados correspondía a las mujeres.

Scroll al inicio